En la actualidad, los suplementos alimenticios gozan de gran popularidad. Se venden como aliados del bienestar, potenciadores de la energía, la memoria o la masa muscular, y como soluciones rápidas para quienes desean mejorar su salud sin pasar por una consulta médica. Sin embargo, investigaciones recientes y advertencias de profesionales de la salud ponen en duda su seguridad cuando se consumen sin orientación profesional.
Vitaminas: el exceso también enferma
Uno de los errores más comunes es pensar que “más es mejor” cuando se trata de vitaminas. Aunque son esenciales para el funcionamiento del organismo, su exceso puede ser tóxico. Estudios recientes han asociado altas dosis de vitaminas B6 y B12 con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de pulmón, especialmente en personas fumadoras.
La sobredosis de vitaminas liposolubles —como la A, D, E y K— puede acumularse en el cuerpo y provocar desde problemas digestivos hasta daños hepáticos o renales. Un ejemplo alarmante es el de la vitamina D: si se consume en cantidades elevadas, puede generar hipercalcemia, una condición que afecta gravemente los riñones.
Hierbas y extractos “naturales” con efectos secundarios
El término “natural” no equivale a “seguro”. Suplementos populares como la cúrcuma, la garcinia cambogia, la ashwagandha o el extracto de té verde han sido relacionados con efectos adversos que incluyen alteraciones del ritmo cardíaco, hipertensión y, en casos extremos, daño hepático severo.
Algunas personas han desarrollado hepatitis aguda o incluso han requerido trasplantes de hígado tras consumir ciertos suplementos herbales sin control ni seguimiento clínico. Este tipo de efectos adversos muchas veces se subestiman, ya que los productos suelen promocionarse como inocuos.
Interacciones con medicamentos: un riesgo silencioso
Otra amenaza poco visible es la interacción entre suplementos y medicamentos. Por ejemplo, la hierba de San Juan puede disminuir la eficacia de anticonceptivos orales y tratamientos para enfermedades crónicas. La vitamina K, por su parte, puede contrarrestar el efecto de anticoagulantes, poniendo en riesgo a personas con enfermedades cardiovasculares.
Estos casos revelan que, aunque un suplemento parezca inofensivo, puede alterar tratamientos médicos en curso con consecuencias graves.
Suplementos deportivos: músculo a costa de la salud
El auge del fitness ha llevado al consumo indiscriminado de batidos proteicos y suplementos para el rendimiento físico. Pero especialistas alertan que un exceso de proteínas puede afectar los riñones, provocar desbalances óseos o alterar el metabolismo hepático. Lejos de lo que muchos creen, los resultados no siempre son positivos ni sostenibles a largo plazo.
Falta de regulación y etiquetado engañoso
En países como México, los suplementos no están regulados con los mismos estándares que los medicamentos. La COFEPRIS no otorga registros sanitarios a estos productos, ya que no están destinados a curar ni tratar enfermedades. Sin embargo, en el mercado abundan productos que prometen beneficios terapéuticos sin evidencia científica sólida, lo que pone al consumidor en una situación vulnerable.
Conclusión: ¿vale la pena el riesgo?
Frente a la promesa de bienestar instantáneo, muchos olvidan que los suplementos no son inocuos. Su uso debe estar respaldado por un diagnóstico profesional y una necesidad médica real. Antes de incluir uno en tu rutina diaria, es crucial consultar con un especialista, verificar la procedencia del producto y considerar si una dieta balanceada podría ser una mejor alternativa.
En info360, apostamos por una salud informada y consciente. Lo “natural” no siempre es sinónimo de seguro, y cuando se trata de tu cuerpo, la prevención siempre será la mejor medicina.































