Los resultados de la evaluación internacional muestran un retroceso en matemáticas y lectura. Sólo tres de cada 10 estudiantes mexicanos alcanzan el nivel básico en matemáticas, pero 80% afirma sentir curiosidad por distintas cosas y 76% asegura esforzarse más cuando una tarea se vuelve difícil.
México enfrenta una paradoja educativa que debería encender las alertas.
Los resultados de la prueba PISA 2025 muestran que el país continúa por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en matemáticas, lectura y ciencias, con un desempeño particularmente preocupante en matemáticas.
Pero al mismo tiempo, los propios estudiantes mexicanos reportan algo que cambia la lectura del problema: quieren aprender, sienten curiosidad y están dispuestos a esforzarse.
El problema parece estar en otro lugar.
El sistema educativo todavía no consigue transformar esa disposición en mejores aprendizajes.
Matemáticas, el mayor foco rojo
En matemáticas, México obtuvo 388 puntos, siete menos que en la evaluación de 2022 y muy por debajo de los 463 puntos del promedio de la OCDE.
La diferencia es de 75 puntos.
Y quizá el dato más preocupante está en el porcentaje de jóvenes que alcanza las competencias mínimas.
Sólo 30% de los estudiantes mexicanos llegó al nivel 2 o superior en matemáticas, considerado el umbral básico de desempeño. En la OCDE, la proporción alcanza 65%.
En otras palabras, siete de cada 10 estudiantes mexicanos de 15 años no cuentan con las habilidades matemáticas mínimas que PISA considera necesarias para desenvolverse en situaciones de la vida cotidiana.
La situación se vuelve todavía más delicada cuando se observa el extremo superior: menos de 1% de los jóvenes mexicanos alcanza los niveles más altos de desempeño, frente a entre 6% y 7% en promedio en los países de la OCDE.
Lectura también retrocede
En comprensión lectora, México obtuvo 408 puntos, también siete menos que en 2022.
En ciencias alcanzó 414 puntos, donde el resultado presenta una ligera mejoría respecto a la evaluación anterior, aunque continúa por debajo del promedio de la OCDE.
El resultado general coloca a México entre los países con mayores desafíos educativos de la OCDE.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) calcula que México se ubicó en el lugar 37 de los 38 países de la OCDE evaluados, con un promedio de 403 puntos considerando las tres áreas.
Pero hay una señal que no debería ignorarse
Aquí aparece la otra cara de la evaluación.
Los estudiantes mexicanos no parecen haber perdido las ganas de aprender.
De acuerdo con la OCDE, 80% de los estudiantes en México afirma estar de acuerdo o muy de acuerdo con que siente curiosidad por muchas cosas.
El promedio de la OCDE es de 73%.
Pero hay otro dato todavía más llamativo.
76% de los estudiantes mexicanos afirma que aplica un esfuerzo adicional cuando el trabajo se vuelve difícil, frente a sólo 60% en promedio entre los países de la OCDE.
México también registra una percepción relativamente positiva de la escuela.
Sólo 11% de los estudiantes considera que asistir a la escuela ha sido una pérdida de tiempo, mientras que el promedio de la OCDE alcanza 24%.
La pregunta, entonces, resulta inevitable:
Si los estudiantes tienen curiosidad y están dispuestos a esforzarse, ¿por qué los aprendizajes no están mejorando?
El esfuerzo existe, pero no alcanza
El análisis de México Evalúa apunta precisamente hacia esa contradicción.
La perseverancia de los estudiantes mexicanos es alta, pero el sistema no consigue convertirla en resultados académicos comparables con los de los países de mayor desempeño.
De hecho, la organización señala que el esfuerzo adicional ante tareas difíciles se relaciona con mejores resultados en ciencias, aunque la asociación en México es menor que el promedio de la OCDE.
Esto significa que el problema no puede explicarse simplemente diciendo que los jóvenes mexicanos no estudian o no se esfuerzan.
Hay factores estructurales que pesan sobre el aprendizaje.
Entre ellos aparecen las desigualdades socioeconómicas, las condiciones de las escuelas, el acceso a recursos educativos y las diferencias en las oportunidades de aprendizaje.
La desigualdad también aparece en los resultados
El nivel socioeconómico continúa siendo un factor determinante.
En México, los estudiantes de entornos socioeconómicos más favorecidos obtuvieron 68 puntos más en ciencias que aquellos provenientes de contextos desfavorecidos.
La cifra revela que el origen de un estudiante todavía puede marcar una diferencia importante en sus posibilidades de aprendizaje.
Y ahí aparece uno de los principales desafíos de la educación mexicana:
la escuela debería ser uno de los mecanismos para reducir las desigualdades sociales, pero los resultados muestran que esas desigualdades siguen reflejándose dentro del aula.
La inteligencia artificial ya entró al salón de clases
Otro elemento que empieza a modificar el panorama educativo es la inteligencia artificial.
De acuerdo con México Evalúa, 47% de los jóvenes mexicanos utiliza herramientas de IA con fines de aprendizaje al menos una vez por semana.
Sin embargo, sólo cuatro de cada 10 revisan la confiabilidad de la información que obtienen de estas herramientas.
La tecnología, por tanto, representa una oportunidad pero también un nuevo desafío para las escuelas.
Ya no basta con enseñar a buscar información.
Los estudiantes necesitan aprender a cuestionarla, verificarla y comprenderla.
El problema no es sólo sacar malas calificaciones
PISA no mide absolutamente todo lo que ocurre dentro de una escuela.
No puede determinar por sí sola la calidad completa de un sistema educativo ni explicar todas las causas de sus resultados.
Pero sí ofrece una fotografía comparable de competencias fundamentales.
Y la fotografía de México es incómoda.
Mientras otros sistemas educativos consiguen que una proporción mucho mayor de sus estudiantes alcance niveles básicos y algunos logren desempeños de excelencia, México mantiene una concentración muy elevada de jóvenes en los niveles más bajos.
Al mismo tiempo, los propios estudiantes dicen tener curiosidad.
Dicen querer aprender.
Dicen estar dispuestos a esforzarse.
La pregunta que deja PISA
Por eso, quizá la pregunta más importante que deja PISA 2025 no sea únicamente por qué los estudiantes mexicanos obtienen malos resultados.
La pregunta podría ser otra:
¿Qué está fallando entre las ganas de aprender de los jóvenes y la capacidad del sistema para enseñarles?
Porque los datos muestran algo que no debería perderse entre las cifras.
México no parece tener una generación de jóvenes que haya renunciado a aprender.
Tiene una generación que quiere aprender, pero que no está alcanzando los conocimientos y habilidades que debería tener a los 15 años.
La curiosidad está ahí.
El esfuerzo también.
Lo que falta es conseguir que ambas cosas se conviertan en aprendizaje.
Y ese desafío ya no corresponde únicamente a los estudiantes.
Es una responsabilidad de todo el sistema educativo.






























